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08 diciembre 2010

Ganadores del torneo de poesía



Reñido año para la poesía. Desde la clasificatoria se hizo notar que los enfrentamientos en los octavos y cuartos de final no serían fáciles para nadie. La diversidad de estilos enriqueció la tensión poética sobre el ring y en la clasificatoria la polémica y la crítica brotó entre el público. Las cuerdas guardaron siempre el ritual del ágora, donde el triunfo fue para los escuchas de la poesía. Así, jurados, comentaristas, porras, públicos, organizadores, cada uno desde su pódium pudo sufrir el embate del poema en conflicto. El campeonato recayó por tercer año consecutivo en una poeta, y se demostró que en las poetas está la voluntad, el riesgo y el ejercicio práctico de la poesía; en este 2010, año cuarto de este Torneo, los amantes del verso formaron un coliseo invisible para hacer posible una construcción forjada desde el núcleo mismo de la palabra.




Mención honorífica para

Jorge "La Mole" Manzanilla

El tercer lugar fue para

Ibrahim Domínguez

El segundo lugar, en un reñidísimo encuentro fue para

Alina Hernández

El primer lugar fue para

Hortensia Carrasco
Jurados de la Gran Final:

Eduardo Oláiz, Merari Fierro, Ivan Leroy

Porfirio García Trejo y el maestro Raúl Renán





Agradecemos el apoyo a:



Casa Laboratorio de Expresión y Talleres Libres A. C

Linajes Editores

El Ermitaño Ediciones

PLACA

Casa del poeta Las Dos Fridas

Mantarraya Ediciones

Clon

Hostería la Bota

Faro Tláhuac

Ediciones Clandestinas

Centro Cultural José Martí

Revista Bitácora

El Balcón Rojo. Casa del Poeta Enrique González Rojo Arthur.

Fideicomiso Centro Histórico

Faro de Oriente

Metáfora, hoja de poesía

La Gioconda Bar-Galería

Bar Mancera

Café Brujas

Raíz Café

Ultracostumbristas

Palabras Urgentes, Código Radio

Letras para no dormir, Radio Ciudadana

Sikore, diseño

El Aduanero Ediciones

Centro Cultural España

Luminicerdo Taller


Y a los artistas plásticos:

Pedro Hernández Amador

Orlando Díaz

Omar Soto Martínez

Felipe Gaytán

Alejandra Falcón

Santiago Puga Regalado


A los jurados:
Armando Alanís, José Antonio Durand, Ileana Godoy,  Alejandro Joel, Raúl Tapia, José Miguel Lecumberri,
Isolda Dosamantes, Ariadna Vásquez, a la maestra Norma Bazúa,  0Porfirio García Trejo, Eduardo Oláiz, Merari Fierro, Ivan Leroy y al maestro Raúl Renán











15 julio 2010

Los 40 barcos atacan



Hace unos meses presentamos en Puebla una de las antologías de poesía más representativas del contexto literario en México, me refiero a 40 barcos de guerra, antología de poesía y sus editoriales, en donde están contenidos 42 criterios independientes y 169 poetas. El día de ayer la presentaron Enrique González Rojo, Raél Renán, Armando González Torres y Adriana Tafoya en la terraza del Gran Hotel de México.


Si el número nos sorprende, la estrategia es toda una joya. Les platico el porqué. Andrés Cardo y Adriana Tafoya, columnas vertebrales del grupo VersoDestierro convocaron a todos sus colegas poetas de todo el país a integrar una antología en donde cada grupo, cada revista, cada editorial, todos ellos independientes aportaran los capitales poéticos y económicos para poder existir al margen de las instituciones y de las editoriales, provocando un ruptura con las formas tradicionales de hacer antologías que operan a favor de la discriminación, desde el ojo de los que se sienten con la calidad crítica de escoger quién es el que posee el valor poético para aparecer en determinada selección. Los que no aparecen no existen, vivirán al margen de su generación. De ahí nace la ya casi natural conflicto entre los que sí aparecen contra los que no, diálogo que por lo menos ya se ha hecho tradicional en México. Ejemplos hay muchísimo, desde el ómnibus hasta las más recientes.

Pero lo que se hace realmente no es una antología, sino una selección de autores que bajo criterios de estética del amo antologador: y bueno, también uno que otro cuate se cuela. Y nacen los cánones, nacen las mafias, nacen las generaciones, nacen los grupos, la forma de repartirse las becas, nace el ninguneo, “la dirección que debe llevar la poesía en el país”. Y el método dio buenos resultados, magníficas muestras de nuestra poesía, sin embargo, los tiempos y las condiciones de la geografía poética cambian.

Es increíble la manera en cómo el ámbito poético y de producción ha girado y enriquecido la práctica poética. Con el nacimiento de lo autogestivo, de lo alternativo la poesía se ha convertido además de una actividad artística “la de más alta espiritualidad” en una forma de resistencia, en una actividad cotidiana que hace frente a las múltiples formas de poder.

La voz poética que vive en las marginalidades se redimensiona, adquiere un valor extraordinario que resuena en las mentes lúcidas de los lectores (también poetas). Resistir poéticamente, es una forma de vida llena de nobleza, de honestidad, de valentía civil, valores que prácticamente están en extinción.

La aparición de 40 barcos de guerra es un acontecimiento, su naturaleza es un parteaguas en la literatura mexicana, es una forma de reinventar la convivencia entre la hermandad de poetas. La imagen del amo antologador desaparece, desaparece el dedo inquisidor que señala y restringe. Con esta acción el poder omnipresente se diluye, se reparte entre todos los editores de cada uno de los barcos.

Me encanta la idea que muchos poetas se puedan unir en una guerra poética contra lo establecido, que recurran al viejo slogan punk: hazlo tú mismo, y que peleen por difundir su forma de ver el mundo, de pelear por un lector que es cómplice de la resistencia, lector que se arriesga a leer otros mundos, poéticas que jamás serán leídas en Letras libres. Son poéticas que no pueden ser plasmadas en el contexto de la corrupción, de la verdadera decadencia, de la solemnidad acartonada. 40 Barcos de guerra es el espacio de la vida poética.

Como lector, puedo señalar que con esta antología se reinventa la geografía poética de México, se convierte en LA OTRA voz poética del país, de aquellos que como bandera tienen el existir en la poesía.

Su lectura es un riesgo, debo de confesarlo, no es un libro de gozo sino de reto, no por las casi 600 páginas que la conforman, sino por la honestidad de cada uno de los poetas que plasman la dificultad y éxtasis de la vida en los márgenes, de su lucha diaria consciente o inconsciente contra las múltiples formas de poder.

40 barcos de guerra exige un lector con mucho valor. 40 barcos no es un libro para cobardes, son para aquellos que son capaces de hundirse en la oscuridad, en el humor más ácido, en la verdad poética, lectores que se arriesgan a sentir tanto como los poetas, como los editores, como Adriana y Andrés.

Y la flota va creciendo y acercándose lentamente como aquella nave de los locos que navegaban sin dirección, simplemente existiendo, mirando las realidades, convirtiendo su vida en poesía.

Felicidades a todos los tripulantes de los barcos.

03 noviembre 2009

Ricardo Cartas de vacaciones en la Merced


¡Vaya, hasta que hubo algo que me puediera sacar de mi vida aburrida en Puebla!
Recibí la noticia de mis amigos Versos Destierros para ser jurado de los octavos de final del Torneo de Poesía (en ring, con jurado (yo y otros), comentaristas, seconds y réferis). Todo en muy buena onda, como todo lo que hacen los Versos.
La verdad nunca había caminado por las calles de la merced: intensidad total verdá de dió: olor, olor y más olor, poesía, poesía y más poesía. Tenía rato que no me sentía tan bien, que no lograba estar cuatro horas escuchando locuras, soprendiéndome, escuchando a los poetas que bajaron del cielo para derramar su fuego en la zona caliente del defectuoso. Quizá para el otro año me anime a participar.

13 junio 2009

Óscar Escoffié y Los Versos Destierros invaden Puebla


Tuércele el cuello al Spleen, Sobre Arraigo Domiciliario de Óscar Escoffié Padilla


Hubo tres circunstancias extraordinarias por las cuales decidí presentar esta novela. La primera es la invitación de Andrés Cardo de Verso Destierro, editorial que admiro por su vocación y estrategia inteligente para difundir en cualquier espacio la poesía, sobre todo la poesía; la segunda, el tremendo epígrafe que abre la novela: “El inimaginable toque del tiempo” de Wordswoorth; pero sobre todo, el terrible vicio de nunca poderme negar a leer a un autor desconocido para mí, como es el caso de Óscar Escoffié. Bienvenido.
Por ahí alguien dijo que el terreno de la novela, es el terreno de lo imposible. Y ese imposible, que quizá sólo realizable en el terreno de la novela, significa precisamente: “torcerle el cuello al Spleen”, término que ya tenía rato que no veía planteado en textos recientemente publicados. Concepto olvidado por muchos escritores, pero que todos padecemos en nuestra cotidianidad, el Spleen, el aburrimiento de nosotros mismos, el hartazgo de nuestra vida.
Y creo que esto aplica a la novela de Óscar. Sin duda el planteamiento es arriesgado en estos tiempos de tanta moda “enciclopédica” que ha inundado el mercado editorial en toda Hispanoamérica. Encontrar una novela como esta es una apuesta al origen de la novela, es una apuesta a la sangre y a las entrañas como elementos básicos para ser novelista. Arraigo domiciliario cumple de sobra.
Con el título y las primeras líneas nos podemos dar cuenta de las intenciones del autor. Óscar Escoffié logra convertir ese gris significado en una metáfora durísima para la supuesta modernidad en la que vivimos.
La historia está narrada desde el margen, desde la intimidad de la vida diaria: Escuchemos el primer párrafo para que se den cuenta de lo que hablo: “Al solar de unos cientos treinta metros cuadrados donde estoy lo rodea una barda con zaguán y cuenta con un cuarto en obra negra, techado con acanaladas de asbesto rotas por donde lluvia y ratas entran a placer.”
Ese espacio por donde entra la lluvia y las ratas al placer, aunque no lo crean era un hogar en donde el protagonista, por cierto, profesor de bachillerato y escritor, muy parecido a los andan por esta preparatoria. Pues todo ese arraigo tranquilo se acaba con la presencia de un degenerado abuelo que llega a vivir con el profesor. Pero no piensen que se trata del clásico abuelo bonachón que gustozo subirse a los niños a las piernas para contarles historias, bueno, en realidad sí le gustaba subirse a las niñas a sus piernas pero en busca de oscuros y pervertidos placeres. Chequen como se definió: “El abuelito decía que tal como Dios tenía un hijo, Jesucristo, el Diablo también tenía uno y que ése era él. No estaba lejos de la verdad considerando que “diablo” viene del griego di-á-bo-los que significa “calumniador”: Inventó que cierto primo lo quiso asesinar electrocutándolo; que otro era homosexual; a las tías, numerosas amantes; otros le habían robado…y así hasta el infinito. Y todo lo contaba con la misma verdad y nada más que verdad”.
Pinche abuelo calientón y además chismoso: “Con irritación me replanté los dimes y diretes mientras viajaba hacia ningún lado. En resumen, el abuelo andaba por ahí divirtiéndose en decir que yo me aprovechaba de la niña, que le cobraba caro la compra de dulces. Luego la encontraron ultrajada y muerta a las afueras del suburbio, y el culpable era yo, deducían”.
La fuga de nuestro querido profesor se da por la reacción lógica que tienen los vecinos ante esa costumbre poco decente. Tiene que salir disparado e iniciar un éxodo hacia un arraigo salvaje dentro de la selva de los suburbios de la ciudad de México: hoteles de mala muerte, habitados por prostitutas y cucarachas, cuartuchos en donde nunca deja de hacerse presente una supuesta “pobreza” en donde el protagonista tiene la oportunidad de mirarse completamente desnudo, mirarse como un ser humano hecho de tripas y sangre, mirarse como un animal moribundo peleando por mantener vivo física y espiritualmente.
En esos caminos de los arraigos, Óscar Escoffié nos muestra que el discurso de la “libertad” en el mundo libre no es más que un mitote. El arraigo es un estado que la mayoría vivimos en nuestra cotidianidades, en nuestra costumbre burocrática de vivir, en la cotidianidad en la que encerramos. Contradictoriamente, el protagonista perseguido consigue llevar una vida distinta, alejada de las convenciones, en la aventura por alcanzar cierto éxtasis de sobrevivencia, le tuerce valientemente el cuello al aburrimiento.